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Cambio de Opinión: Trump Negocia Dreamers por Muro

WASHINGTON, D.C., OCTUBRE 9, 2017.  Un muro a cambio del futuro de 787,850 personas. Ésa es la oferta que Donald Trump hizo al Congreso el domingo por la noche: a cambio de la dotación presupuestaria para construir el famoso muro que separe la frontera de EUA con México, el presidente está dispuesto a permitir que los llamados dreamers, continúen en los Estados Unidos.

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Eso sí: no tendrán acceso jamás a la nacionalidad estadounidense.

No es sólo que Trump no quiera sentar un ejemplo que considera negativo. Es que, además, los inmigrantes votan demócrata.

La propuesta de Trump es uno más de sus muchos cambios de postura en relación a los dreamers. Primero dijo que iba a tratarlos “con corazón”. Después, dejó al máximo responsable del Departamento de Justicia, Jeff Sessions anunciar, el 5 de septiembre, que a partir del mes de marzo ese grupo de población, formado sobre todo por personas de entre 20 y 30 años, iría regresando progresivamente a la ilegalidad de la que los sacó Barack Obama de manera temporal en 2012, como una forma de asegurarse el voto latino en las elecciones de ese año.

La única opción que Sessions dejó abierta, fue que el Congreso, controlado por los correligionarios republicanos, aprobara en 6 meses una Ley que aclarara de forma definitiva el estatus legal de los dreamers.

Ocho días después, Trump daba un giro de 180 grados y alcanzaba un acuerdo provisional con los líderes de la oposición demócrata del Congreso, Nancy Pelosi y Chuck Schumer, que permitiría a los dreamers continuar en Estados Unidos a cambio de un refuerzo de la seguridad de la frontera que no incluía el famoso muro.

Un muro que a juzgar por el anuncio de la Casa Blanca del domingo, ya no va a pagar México, sino el contribuyente de Estados Unidos.

Ahora, el Congreso quiere iniciar el proceso para discutir la ley de los dreamers.

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Es una idea que parece destinada al fracaso, porque es muy difícil, si no imposible, que el Partido Republicano acuerde una postura común. Si los republicanos no han sido capaces de votar por algo en lo que estaban de acuerdo, como era el desmantelamiento de la reforma sanitaria de Obama, ¿cómo van a lograrlo con algo que los mantiene divididos, como es el tema de la inmigración?

Y justo en este momento, la Casa Blanca ha enviado al Legislativo nada menos que 18 recomendaciones, entre ellas el muro, acerca de cómo debería ser el compromiso, y que se resumen en cinco palabras: cerrar las fronteras a legales e ilegales.

Otras medidas son que los inmigrantes ilegales menores de edad dejen de recibir un tratamiento especial, y que sean objeto de deportación como cualquier otro, para así frenar la llegada de niños que huyen de la violencia de países de Centroamérica como Honduras, Guatemala y El Salvador, y que frecuentemente son víctimas de mafias de traficantes de personas.

También se incluye el aumento del número de jueces, fiscales y agentes del orden que combaten la inmigración, así como nuevas restricciones a los viajeros hacia Estados Unidos. La concesión de permisos de residencia permanente, la llamada Green Card, se verá endurecida, para favorecer a personas “que puedan ser asimiladas con éxito”.

Las medidas de Trump son un torpedo en la línea de flotación de cualquier acuerdo.

Sobre todo por el muro, una idea que no sólo rechazan los demócratas, sino buena parte de los republicanos, aunque éstos se cuidan de decirlo, porque en 2018 hay elecciones y antes tienen que pasar por unas Primarias en las que participa una base que sigue al presidente.

Con esta propuesta, Trump vuelve a la retórica de su campaña, porque se trata de una copia de su programa electoral. Pero, dado que estamos hablando de Trump, que ha cambiado de opinión 3 veces en 35 días sobre los dreamers, hay que valorar un elemento crítico: el postureo.

¿Y si esos 18 puntos no fueran más que una forma de animar a sus votantes y de transferir al Congreso toda la responsabilidad de lo que parece un fracaso legislativo cantado? Pero Trump no es tan inteligente.

La Casa Blanca se ha apresurado a declarar que ninguna de esas condiciones es irrenunciable. O sea, que si el Congreso acuerda una ley que no incluya todos esos puntos, el presidente la ratificará.

Lo cual lleva a otra cuestión: ¿va el Congreso a llegar a un acuerdo? Lo más probable es que no. En ese caso, Trump habrá hecho lo que más le gusta: meter emoción a un proceso político aburrido y que, encima, va a fracasar.

Es la estrategia del reality show.

La única crítica es que, en este reality, se juega el futuro de 787,85o personas.

Pero eso a Trump, no le importa.

FUENTE: EL MUNDO

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